22 nov. 2009

Mi nombre en una pared

Ayer mientras estaba caminando por una calle de Madrid vi en una pared una pintada, y me puse a pensar. Las pintadas simbolizan en muchos casos escenas, muchas están muy trabajadas, y otras son simple gamberrismo, pero ese gamberrismo, ¿acaso no muestra la necesidad que tenemos a que se nos conozca? muestra las ansias que tenemos de que alguien sepa quién somos. Todos nuestros allegados nos conocen, pero no nos conformamos con eso, queremos que se nos conozca mas allá, aunque no por nuestro nombre original, sino por un mote o apodo. Ayer escuche algo que me impactó mucho, y que me rompe mis expectativas, porque tiene toda la razón, “si llegamos a los 80 años, y vemos que todo lo que hemos en la vida a estado bien, y que somos felices, ¿para qué vivir más? Porque si tu familia te quiere, y quieres que sigas ahí, pero hay veces que a esas edades ya estás en este mundo como un estorbo, aunque yo no sea partidario de ello, muchos ancianos, repiten una y otra vez “¿y porque estamos aquí todavía?” “señor llévame pronto”
Y es que lo que nos diferencia de los animales es que cuando tenemos uso de razón, sabemos que vamos a morir, los animales no lo saben, porque no tienen conciencia...y ¿qué hay después de la muerte? Pensarlo me entra ansiedad, solo de saber que un día ya no vas a sentir, ni ver, ni pensar...son cosas que se me escapan...pero claro hay que superarlo, e intentar que cuando lleguemos a ser viejos, miremos para detrás y veamos todo lo que hemos hecho, incluso no en un futuro lejano, ahora mismo me pongo a pensar lo que he vivido y parece que todo ha pasado volando, que desde que tienes conciencia hasta ahora, has pasado por muchas etapas, y cada una de ellas te enseña algo...dicen que el dolor te mantiene vive, también dicen eso de vivir el momento, y es cierto, la vida es corta aunque parezca que no, y la muerte es el final del ciclo de la vida...
Todos estos años he tenido la obsesión de que tener mi nombre en alguna pared, pero no hacer una pintada en algún edificio que será derribado en breve, sino de que mi nombre figurase en una calle, y aunque estoy a tiempo de que esté, ¿para que quiero mi nombre en una calle? ¿Para qué tener una estatua? si solo sirven para que las palomas caguen sobre ellas, o una placa, si nadie lee las placas, pero para que quería esto, para que se me recordase, pero ya no lo quiero, ¿para qué quiero que me recuerden personas que no me conocen? Para que si no sabrán cómo he sido, ni lo que he hecho, ¿acaso alguno sabe quién es Joaquín Villumbrales? Pues no. Los buenos recuerdos están en el corazón, de las personas de tu alrededor, de esas personas que aunque las hayas conocido un día por ahí, te han aportado algo, y que seguro, que cuando pasen los años, te acordarás de su nombre...
A mí ya me vale con que los que leen este blog, lleven mi nombre en sus corazones, porque yo también llevaré los suyos en el mío.


PD: Ya sé que esto suena a filosofía barata, a delirios de un loco de la vida, a imaginaciones de un tonto, pero hoy no he dormio y estoy inspirado...

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